Reflexiones3

Docente:Angela Maria Galvis
Institución Educativa:Compartir Las Brisas

Entre las muchas ideas que me llamaron la atención, comienzo por mencionar la siguiente tomada del texto de William Ospina: “…la educación, por decirlo así, tiene que ser educada”. A partir de esta frase se pueden plantear una serie de cuestionamientos que resultan muy pertinentes si queremos despejar un poco el camino hacia una “verdadera” educación, utilizando el adjetivo de “verdadera” lejos de cualquier dogmatismo, y más bien analizándola desde una postura más flexible, si se quiere, más humana. La academia, secundada por el propio sistema, nos ha vendido una idea de conocimiento, de autoridad en el saber, que sólo es posible bajo unas rígidas directrices que impiden el desarrollo de lo realmente importante. La educación concebida para el adiestramiento, para la producción capitalista, para el adoctrinamiento, para la transmisión de información, se ha encargado de forjar una humanidad desarraigada, infeliz, conformista, consumista, superficial, en donde el sentido por la existencia se desdibuja… un mundo en el que muchos ignoran quiénes son y lo que realmente quieren para sus vidas. Desde que la educación fue raptada por gobiernos y religiones para ejercer un control más directo sobre los individuos, se perdió también el objetivo, el norte tan anhelado de poder desarrollar la condición humana en toda su plenitud. Los gobiernos tienen muy claro que las conciencias se pueden moldear y manipular desde el sistema educativo, que el saber se puede institucionalizar haciéndose exclusivo, y generando a la vez élites de poder en torno al conocimiento. Con la institucionalización de la educación fue posible jerarquizar aún más a las sociedades, haciendo que las diferencias entre personas fueran cada vez más abismales. Para que la educación cumpla su verdadero objetivo de formar, sus principios entonces deben ser revisados y replanteados a la luz de nuevos valores que reivindiquen la dignidad humana. La educación debe estar al servicio de la “formación”, más no al servicio de intereses particulares que obstaculizan el desarrollo de sociedades enteras. Retomando la película “La sociedad de los poetas muertos”, encontramos en ella una riqueza de símbolos y de mensajes que describen algunos de los errores en los que ha incurrido la educación. El modelo educativo propuesto desde la trama de la película nos permite reconocer los siguientes aspectos: educación transmisionista, “maestros” autoritarios; arte, creatividad y curiosidad subvalorados; estructura jerárquica e impositiva; pérdida de la propia identidad; uniformidad de pensamiento. Éstas son sólo algunas de las características que le han sido cuestionadas a la educación desde la reflexión pedagógica, la cual podría estar simbolizada en la película por la figura del profesor nuevo (Robin Williams), quien llega al internado con una propuesta diferente, chocando de entrada con directivos y demás docentes, pero que logra cautivar el interés de los estudiantes, conduciéndolos a que descubran el mundo por sí mismos, a que conquisten lo que nace de sus corazones, a que exploren su lado sensible a través de la poesía. La manera como el profesor plantea el saber a sus estudiantes es para que ellos indaguen, cuestionen, reflexionen, disfruten, prácticas que desde siempre han sido reprimidas por el sistema educativo tradicional. Aunque el profesor finalmente es despedido, deja en dicho colegio una profunda huella, una gran enseñanza que marca para siempre la vida de aquellos jóvenes para quienes lo más importante no es el conocimiento en sí mismo, sino todo lo que pueden aprender a través de la vida misma. El profesor desde sus prácticas educativas plantea un modelo pedagógico diferente al tradicional, con el cual desafía una pedagogía y una didáctica ya instauradas, llevando a cabo una especie de revolución al interior de la institución costándole incluso el propio puesto. Esta última idea nos puede conducir muy bien al tema de los miedos en los sujetos docentes, pues precisamente uno de los miedos más frecuentes no sólo en los docentes sino en los humanos en general es el temor al cambio, a lo nuevo. En este caso, cuestionar dichos temores particularmente en los docentes, nos puede arrojar algunos datos interesantes respecto a la manera como los miedos de los educadores pueden estar influyendo en los problemas de la educación. La educación es un engranaje en el que intervienen diferentes actores, entre los cuales se encuentran los docentes, a quienes se les ha atribuido una gran responsabilidad social. Pero antes de ser maestros son personas, y todo ser que se considere humano posee miedos y temores como parte de su naturaleza. Lo importante en este caso sería revisar hasta qué punto el miedo puede ser normal, y en qué momento puede estar comenzando a transgredir los límites para convertirse en un problema individual y social. Tal vez sería conveniente una terapéutica desde lo mental y emocional, pues los docentes por encima de su profesión, son también seres sociales que se pueden ver afectados por un entorno, por unas circunstancias que los pueden marcar como a cualquier ser humano. Sin embargo, existe la posibilidad de que los “maestros” cuestionen las implicaciones de su profesión y que desde allí se comience no sólo un proceso de educación de los “otros”, sino también un proceso de formación de sí mismos. En ambas lecturas requeridas para el seminario se puede “leer” una postura, una propuesta educativa basada en el desarrollo individual, en la exploración de aquellas fortalezas y miedos que hacen parte de la naturaleza humana. No se trata de seguir reprimiendo los potenciales, de seguir imponiendo una educación basada en la dominación y el adoctrinamiento. Veo implícita más bien una propuesta que fundamenta la educación desde el Ser, desde las aspiraciones, desde la espiritualidad, desde la sabiduría. Una educación planteada para vivir mejor, no para ser esclavos de la vida misma.

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