Docente:Libia Loaiza
Institución Educativa:Escuela la Palabra
“Hay que desconfiar de la escuela que no acepta la singularidad sino que se esfuerza por desdibujar y por uniformar a los individuos”(Ospina,p.200) Partiendo del significado de la frase, podemos decir que la historia de la escuela ha estado marcada por la producción de seres homogéneos, que piensan, sienten y se expresan de acuerdo a unos parámetros determinados por los ideales o intereses vigentes para cada época. Lo anterior lo podemos evidenciar en la película la Sociedad de los Poetas muertos, donde la Institución muestra una educación radical y autoritaria, en donde la opinión de los estudiantes y sus intereses no son tenidos en cuenta para la construcción de los planes de estudio, y donde los pilares que son base para la formación de los estudiantes parecen más a los pilares de una empresa de producción en serie, donde interesa entregar un producto al mercado que cumpla con unas características impuestas por la sociedad.
Es importante anotar que estas Instituciones durante muchos años han venido empleando unas pedagogías y unas didácticas, en las que el saber se ofrece de manera rutinaria, repetitiva y sin sentido para quien la recibe, y por muchos años han cumplido con el objetivo de represión y sometimiento, para tener el control y el dominio del pueblo.
Con base en lo anterior podemos afirmar que: “Es importante señalar los errores y las carencias del sistema educativo, ya que también la educación por decirlo así, tiene que ser educada”. (Ospina, p.199) La educación debe ser educada y reeducada de acuerdo a unos lineamientos que permitan reconocer al ser humano como ser inacabado y en constante cambio, y así lo plantea Freire en el libro “Pedagogía de la Autonomía”:
Me gusta ser persona porque, inacabado, sé que soy un ser condicionado pero, consciente del inacabamiento, sé que puedo superarlo. Ésta es la diferencia profunda entre el ser condicionado y el ser determinado. La diferencia entre el inacabado que no se sabe como tal y el inacabado que histórica y socialmente logró la posibilidad de saberse inacabado. Solo en la medida en que nos reconocemos como seres inconclusos es que podemos buscar la superación para romper con las cadenas de la opresión.
Podemos decir entonces que un docente que se sabe inacabado, busca a través de sus prácticas pedagógicas crecer con sus educandos en ambientes democráticos donde se asume la responsabilidad de lo que significa el ejercicio de la docencia y la formación de seres humanos autónomos. Así se pudo observar en las prácticas del maestro John Keating, cuando motiva a sus estudiantes a luchar por sus metas, a pesar de las dificultades, les muestra la posibilidad de un mundo mejor, en el que es posible intervenir para transformar y mejorar.
Lo anterior muestra, como en la experiencia de ser educadores, no se puede permitir que el miedo que en ocasiones se ha heredado por generaciones o el que ha sido infundido por la misma sociedad, haga de la experiencia docente una práctica carente de sentido. Ya que cuando se vive la experiencia educativa a través de la implementación de prácticas que buscan la emancipación y la liberación del ser humano, se puede llegar a la censura en donde: “La diferencia suele castigarse con la discriminación, que en el mejor de los casos se vehiculiza como marginación, pero no infrecuentemente, a lo largo de la historia de la humanidad, también como persecución, destierro, genocidio”. Lo distinto genera desconfianza,(González, M, p. 364)
Es así como la responsabilidad de una práctica pedagógica ejercida con rigurosidad ética y coherencia, debe estar por encima de cualquier miedo infundido. Los docentes deben luchar contra los miedos que silencian, que invisibilizan y que no dejan actuar, luchar contra los miedos que confunden a la conciencia y los vuelven marionetas de los que tienen el poder en sus manos.
En las películas: La Sociedad de los Poetas Muertos y La Lengua de las Mariposas, se pudo observar el ideal de maestro, aquel que pese a las exigencias de la sociedad con criterio y con responsabilidad ética asume una práctica pedagógica que busca el desarrollo del ser humano, autónomo, feliz y libre; sin importar que por esto se llegue al señalamiento, a la persecución o al destierro. Lo más importante es que se pudiera sembrar la semilla de la esperanza en alguno de los corazones de esos seres con los que se tuvo la oportunidad de compartir, ya luego ellos mismos podrán terminar con su trabajo y encargo social.
Finalmente podemos concluir que:
En el momento en que se corte ese cordón que nos une al miedo, es posible que aprendamos no solo de la libertad sino de la felicidad. (González, M, p. 369)
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