Docente:Melva Vásquez
Institución Educativa: Augusto Zuluaga Patiño
El ser docente está atravesado por múltiples factores que se conjugan a la hora de la práctica pedagógica, su personalidad, su historia personal, su ideología, su formación académica; son aspectos que definen la manera como se ve a sí mismo, a sus estudiantes y a su entorno.
En palabras de QUINO, “Educar es más difícil que enseñar, porque para enseñar ud. precisa saber, pero para educar se precisa ser”, lo que da cuenta de que en el proceso educativo el maestro no solamente instruye en un saber disciplinar, sino que también, en el acto pedagógico deja una huella indeleble en sus estudiantes que les enseña a ser en el mundo a partir de lo que transmite su propia imagen.
En este sentido, retomando el documento de Miguel Alberto Gonzáles (2014)“metáforas y paradojas de los miedos en los sujetos docentes”, se puede afirmar que el docente no está libre de transmitir sus propias emociones a la hora de enseñar. Las emociones de ira, vergüenza, culpa, alegría, tristeza, miedo,… confluyen de manera directa o indirecta en su discurso, por medio de su lenguaje corporal, los silencios, las pausas, la entonación, las posturas, entre otros signos verbales y no verbales que conforman su discurso pedagógico.
Adentrándonos especialmente en la emoción del miedo, tópico central de este artículo, se puede decir que, éste hace parte de nuestra naturaleza cumpliendo con la función de protegernos puesto que nos pone en alerta frente al peligro, predisponiéndonos para el ataque o la huida; sin embargo, en nuestra condición de seres humanos en relación con el mundo, las emociones se transforman a partir de los significados que apropiamos de la cultura, lo que puede generar que el miedo siendo una emoción totalmente natural se convierta en un sentimiento irracional, que imposibilita al ser humano para actuar.
Siguiendo a Delumeau (2005), citado por Miguel Alberto Gonzáles (2014), “el miedo depende de los territorios y los momentos donde acontece”, lo cual podría explicar por qué en los testimonios de vida de los docentes sobresalen unos miedos sobre otros; aspectos que se ven reflejados igualmente en las diferentes películas, pues en cada uno de los personajes se evidencian miedos que difieren de acuerdo al momento histórico y la situación particular. Esto explica por qué el miedo se expresa desde diferentes dimensiones: 1) la personal a partir de la subjetividad o los testimonios de vida y 2) la colectiva, a partir de la intersubjetividad, donde lo histórico-socio- cultural juega un papel preponderante, marcado por el poder político, religioso y económico.
Esto quiere decir, que los temores de los educadores están sujetos a una dimensión espaciotemporal, una dimensión axiológica y una dimensión interpersonal o afectiva; los miedos se actualizan a partir de los significantes y los significados que se construyen en cada esfera de la vida. Cada época trae consigo sus propios símbolos y significados, que van constituyendo la identidad de los sujetos y en últimas la generación de emociones.
En la sociedad de los poetas muertos por ejemplo, el miedo a la libertad es uno de los mayores temores que deben enfrentar tanto docente como estudiantes, el cual está construido sobre parámetros sociales de lo que deber ser la clase alta y la academia. Mientras que en el lenguaje de las mariposas, el temor a la muerte sobresale, por la persecución política de la que es objeto quien se declare comunista, lo que nos refleja un miedo basado en la ideología imperante de la época. A sí mismo, el miedo a la paternidad, a la perdida, ….en no se aceptan devoluciones, reflejan una época actual, donde……
Es cierto que el arma más poderosa que inventaron las élites para perpetuar el poder es el miedo, y que uno de los grandes desafíos de la educación es vencerlo para lograr una transformación del sujeto que se educa y por consiguiente de la sociedad; en las películas encontramos varios ejemplos que demuestran que venciendo el miedo a la muerte, a la libertad, a la pérdida del sustento económico, al rechazo social, se logra transformar la vida de los pequeños. Sin embargo, es importante preguntarse, ¿es el maestro el único que educa?.
Siguiendo la propuesta de Gonzales (2014), encontramos que fenómenos actuales como el individualismo, la competencia, la violencia, la corrupción, el consumismo; han generado nuevos temores y/o han acrecentado algunos ya existentes, destacándose en los docentes los temores a la muerte, a lo desconocido, a la enfermedad, a la locura, al futuro, entre muchos otros que seguramente transmiten a sus estudiantes en su quehacer pedagógico. No obstante, cabe preguntar, ¿en los testimonios de vida de los docentes no existen las preocupaciones por los problemas sociales, políticos, económicos y ambientales del país o es el miedo el que les impide hablar de ello? ¿No son los testimonios de vida de los docentes, la expresión de los temores de nuestra sociedad? ¿Es el miedo el único paralizante o existen otras emociones como la depresión, la desesperanza, falta de vocación, lo que imposibilita al ser humano para generar cambios?.
Es claro que recuperando el derecho a soñar , que perdiendo el miedo al conflicto, a la diferencia, a la disertación, al desamor, se puede avanzar hacia la utopía, pero esto sólo es posible si se logran unir fuerzas, si los maestros abrimos espacios de reflexión pedagógica permanente, si compartimos nuestros sueños y experiencias, colectivo
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