Docente:Carolina Agudelo
Institución Educativa: Carlota Sánchez
El ser humano ha sido, es y será siempre un ser complejo, por eso entenderlo o comprenderlo será siempre una tarea inacabada. Sin embargo hacer conciencia del ser como lo plantea Freire es ya un buen comienzo:
Cuanto más me asumo como estoy siendo y percibo la o las razones de ser del porque estoy siendo así, más capaz me vuelvo de cambiar, de promoverme, en este caso, del estado de curiosidad ingenua al estado de curiosidad epistemológica. ( 2004, p.19)
Asumirse como ser humano implica tomar posición frente a cada uno de los roles que se desempeñan, que se han elegido y que no se han elegido también.
En el rol de educador se exige mucho más la necesidad de tomar una postura, una decisión, una posición frente al acto mismo de formar, de educar, de transformar. No es posible formar si el maestro anda a la deriva de sus miedos, esto no significa que no pueda tenerlos sino que ha debido controlarlos, como se ha escuchado en frases populares: al miedo hay que asustarlo.
La posición asumida por el maestro en sus prácticas educativas y en su quehacer docente en general determinará en gran medida las actitudes, comportamientos e ideas de mundo que van construyendo los jóvenes estudiantes, de allí la responsabilidad del maestro y en conjunto de la escuela como espacio privilegiado para la formación.
Se recuerda aquí una historia que hace alusión a la importancia de empoderarse del papel que desempeña un ser humano, en este caso el maestro:
Había un hombre con un puesto muy importante en la actividad editorial y tenía la responsabilidad de la publicación y distribución de miles de obras. Un día se dirigía a trabajar, y al pasar por una esquina del centro de la ciudad vio una cáscara de plátano en la acera. Sabiendo que era un peligro potencial, la tiró de una patada a la alcantarilla, donde nadie podría resbalar a causa de ella. Pero comenzó a pensar en todas las cáscaras de plátano que podría haber en las aceras de esta gran ciudad. Supongamos que hubiera una que nadie echado a la alcantarilla y que alguien la pisara. Quizá debería tomarse el tiempo de buscar por las calles de la ciudad para encontrar las peligrosas cáscaras de plátano. Si no fuera así, alguien podría romperse algún hueso. De esta manera, se podría ahorrar a muchos una estancia en el hospital. Pero ¡espera un minuto! Él tenía sus propias responsabilidades. Era un factor importante en el mundo editorial. Su responsabilidad era mantener las imprentas en marcha y enviar sus contenidos hasta lo último de la tierra. De mala gana, abandonó el proyecto plátano por el más esencial. Que los barrenderos se ocupasen de las cáscaras de plátano. Esto era tarea de ellos. (Citado de William MacDonald, 1998)
Son numerosos los proyectos en los que puede involucrarse un maestro, y todos con las mejores intenciones de contribuir a mejorar los procesos educativos y formativos, sin embargo la experiencia ya ha demostrado un fracaso en este sentido, pues el maestro no tiene la solución a todos los problemas de la educación, si bien éste si tiene una gran oportunidad y responsabilidad de influir en el cambio.
La necesidad que se observa en las aulas de clase, no es de conocimiento, ni de muchos datos, la necesidad es de aprender a ser, por esta razón el maestro como el trabajador de la editorial, debe concentrarse en lo más importante, que seguramente más adelante ayudará a solucionar otras dificultades. Y ¿qué es lo más importante? La posición espiritual del maestro. Su cosmovisión cristiana.
Al mencionarse la posición espiritual del maestro no se está haciendo referencia a la religión que profesa, esto podría ser mucho más nocivo que no tener posición alguna. Se hace referencia al desarrollo de una Fe, fundamentada en una relación real con El Creador de la vida. Una vida nueva sin las inclemencias del miedo, sino con esperanza. Sin las utopías de la política, sino con las bondades de vivir una vida ética. Sin el atropello de la injusticia, sino de la convivencia pacífica en términos de igualdad.
El hombre jamás podrá aprender a ser, a vivir, a encontrar la felicidad y transmitirla a sus semejantes mientras viva enredado en todas las ofertas que el mundo de poderes religiosos, políticos y económicos le vende. Sólo el cultivo de la espiritualidad, por encima del humanismo puede transformar la vida humana.
La escuela de la noche, que se encuentra en oscuridad, como lo está el corazón humano sin Dios, puede amanecer y ver la luz cuando el grupo de maestros asuman en sus prácticas el cultivo de lo espiritual, del ser pero sin el egoísmo del yo, del servicio y el amor hacia el otro, que permite en todo caso respetar su diferencia y aprender a vivir juntos.
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