Docente: Fabián barrios
Institución Educativa: Aquilino Bedoya
Un sistema que le ha dado un nuevo contexto a la palabra “competencia”, en dónde su semántica principal desde la práctica es la “acumulación”, es decir: una competencia para la acumulación; una máxima en nuestra era, en dónde otorguemos un complemento al dorado y glorioso RAE, anquilosado en el escaparate al lado de Cervantes, Vega y Molina; estableciendo para este sistema capitalista neo-liberal un sinónimo más, con elegancia, resonancia y algo de encanto: -“competencia sinónimo de acumulación”.
Un tanto después de algunos segundos, se incluye en el fluir del pensamiento el entendimiento de la educación bancaria de Paulo Freire (1970, pág. 39), y es acertado no sólo pensarlo, sino vivirlo en cada una de las clases que se imparte en la escuela moderna
Porque la opresión no sólo debe entenderse como el uso de la fuerza para silenciar las palabras, el uso de la macana para poner puntos finales a discursos retóricos de almas que parecen traslúcidas bajo la luz, como delgadas y redondas pompas de jabón que estallan y desaparecen, dejándonos un frustrado sentimiento de desdén por no disfrutar un poco más de su lucidez.
Porque la opresión de este sistema social no es una consecuencia, sino un producto, construido, calculado y fabricado para que funcione a la perfección y enajene seres que no imaginen, ni construyan mundos extracorpóreos con cientos de características que propiciarán una diversidad de ideas, de iniciativas y soluciones.
Imaginativos de raciocinio y “libre pensantes” como lo afirma en su lema el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA); en un irresponsable y descarado cinismo en dónde dicha institución procura seres robotizados, sin imaginación, cuyo cerebro se sobrecalienta al pensar cómo conseguir tal bien, producto o servicio que incluso llega a jugar hasta con productos que deben satisfacer sus necesidades vitales.
Un sistema construido a la perfección y basado en un insumo que se ha utilizado para ratificar el poder época a época de esta raza humana: “EL MIEDO”, el cuál este sistema ha logrado manipular, cuál pieza de herrería, para construir a fuego, punta de martillo y yunque cada política pública educativa; políticas como herraduras que se le ha interpuesto al caballo que somos esta sociedad, y cuyo jinete lo componen las transnacionales de los diferentes sectores económicos, que condicionan, cómo lo vimos en el pasado para agrario, con la derogada ley 970, incluso hasta lo que debemos comer.
La “educación para el trabajo”, con sus articulaciones técnicas en la Media, ofrecen a las Instituciones Educativas una plantilla preestablecida, un molde, por el cuál educan y forman a sus estudiantes y los dejan a punto para que ingresen a laborar y comiencen una vida que el autor de este ensayo ha llamado: de “herradura”.
Un adolescente con una formación técnica, devengando un salario que le permite (así sea pobremente) cumplir con sus obligaciones y los gastos de su hogar, y si a eso le sumamos la ausencia de un proyecto de vida, una falta de esfuerzo y superación causada por su baja autoestima, lo que tendremos es un ser humano conformista, trabajador, derrotado ante el sistema y por sobre todo obediente; ingredientes fundamentales que valoriza la Oligarquía Empresarial del país para contratar a sus “beneficiados”, porque como pastor en carnaval, y con los altos índices de desempleo de muchas de las urbes de este país, tener un trabajo así sea mal remunerado y explotador, es como dicen muchos: “un beneficio”.
Esta afirmación no es irresponsable, si se mira las experiencias de las Instituciones Educativas en relación con el desarrollo del ser humano; se puede comenzar diciendo que el proyecto de vida, que hace parte de la cátedra de desarrollo humano, no es ajeno a ninguna institución, es decir, de alguna u otra forma se les convoca a los estudiantes, en algún momento de sus vidas a cuestionarse por dicho proyecto; sin embargo estos esfuerzos son en vano, básicamente por las siguientes razones:
Currículo. Generalmente en el plan de estudios o currículo, no se incluyen contenidos estructurados y planificados que permitan establecer de una manera formal un proyecto que consolide estrategias a seguir en el corto, mediano y largo plazo y permitan trazar una ruta específica al alcance de los objetivos propuestos para el desarrollo humano en todas sus dimensiones, es decir, su desarrollo económico, social, personal y profesional.
Trazabilidad. Los pocos proyectos de vida que los estudiantes alcanzan a visualizar en sus Instituciones Educativas, no son trabajados a través de todos los años de su formación, ni son mejorados a través de los niveles de avance del mismo individuo, es decir, un proyecto de vida que se pensó en Primaria, no tiene validez en Secundaria, y un proyecto de vida que visualizó el estudiante en Secundaria, no tiene validez en la Media o la Media Técnica
Compromiso Institucional. En la mayoría de los planteles educativos de la ciudad no hay un compromiso Institucional para orientar y promover el desarrollo de los proyectos de vida de los estudiantes; entendiendo “institucionalidad”, como todos los organismos escolares que hacen parte de la formación del individuo, como lo son: docentes, directivos, organismos estudiantiles y padres de familia.
Políticas Gubernamentales. Tenemos un gran número de directivas estatales que ponen el paso y la marcha a las Instituciones Educativas; sin embargo ninguna de estas políticas se han pensado para apoyar, orientar y ayudar a establecer los proyectos de vida de los educandos
Políticas Gubernamentales que promueven la excelencia. Entre estas tenemos la tan polémica política de “cero repitencia” y la reciente política “anti-matoneo”, entre otras, que han causado un efecto contrario al ser aplicadas.
En el caso de la “cero repitencia” las instituciones educativas han creado espacios especiales para el refuerzo o recuperación de los logros no alcanzados por los estudiantes mal llamados “malos estudiantes” y que el autor prefiere llamar: “estudiantes en vías de desarrollo”. En dónde se les induce a la cultura de la procrastinación por un lado y por el otro el entendido en los estudiantes que pueden cumplir con un mínimo de actividades al final del proceso para alcanzar todos los logros propuestos durante el año lectivo.
Y es apenas lógico el pensamiento natural del estudiante, es decir, si al final del año con menos del 20% de las actividades realizadas en una asignatura, se cumple con los requisitos suficientes y necesarios para ser promovido, ¿qué sentido tiene entonces, esforzarse durante todo el año?
Y es que es apenas obvio la poca rigurosidad con la que el docente se ve obligado a establecer estos llamados “refuerzos” o en el caso de algunas instituciones educativas como en la que se encuentra el autor, llamados “planes de mejoramiento”. No obstante no se exime la necesidad de establecer estrategias para que los estudiantes “rezagados” puedan alcanzar los logros propuestos en la asignatura; sino más bien el entendido que las Instituciones no se han puesto de acuerdo sobre estrategias efectivas de cero repitencia al interior de sus planteles.
Interés de los Docentes orientadores. Lamentablemente en la atmósfera docente no existe un amor por el estudiante que impulse al docente a acompañar los proyectos de vida de los estudiantes, porque como dice Paulo Freire, “Es imposible enseñar sin la capacidad forjada, inventada, bien cuidada de amar” (2004, pág. 21); así entonces es imposible enseñar y acompañar un proyecto de vida, sin estar interesado y seguro de estar forjando futuro en el educando, en otras palabras si el docente no cree en los proyectos de vida del estudiante, este tampoco creerá en él.
Volviendo al análisis inicial de la ilustración, en dónde se pretende dar un sentido al horizonte de futuro del docente, y después de algunas explicaciones del porqué del sistema de herradura para una vida de herradura, se puede introducir a esta altura la visión que se tiene del docente, y más aún del docente del decreto 1278.
Si el sistema es la herradura que sostiene la clase trabajadora, representada en las patas de este mamífero perisodáctilo, los clavos de la herradura, es decir, las que la soportan, vendrían siendo los docentes, y en especial el golpeado sector de los docentes del 1278.
Con las nuevas políticas públicas que hacen estandarizar un modelo de docente que coarta la posibilidad de este individuo de innovar; en un sistema en dónde la espada de Damocles, pende encima de su cabeza con requerimientos como el índice de deserción académica, el índice de mortandad académica, la nueva ley anti-matoneo que en especial: convierte al docente en un vigilante penal de las conductas que son punibles a los estudiantes, cuál policía o guarda de tránsito, que deberá denunciar a los infractores antes de propiciar en ellos el diálogo y la concordancia que propician un ambiente en convivencia; y por sobre todo la tan temida evaluación anual de desempeño, en dónde brotan como una fuente de agua viva, umbrales de corrupción.
Y es que no se entiende en este último, como puede un rector ser juez y parte en la valoración de la labor docente, y más aún cuando esta es tan inmensamente sujeta a la subjetividad relativa de quién la lee.
Y es aquí donde el docente es bofeteado, cuál lazarillo de Jerusalén, en las dos mejillas y sirve de esclavo despreciable, si así pudiese llamársele al antojo y vaivén de los caprichos de los rectores que tienen la desfachatez de usarlos hasta para llevarles tinto a sus respectivas oficinas y escritorios (por mencionar la menos despreciable de las peticiones); sin posibilidad de protesta, sin la posibilidad mínima de chistar cuál conducta, narcisista, vanidosa, vacua, viciosa, arrogante, altiva, soberbia, suspicaz, resentida, irrespetuosa, atrevida, inoportuna, obsesiva, intolerante, huraña, hosca, extravagante, maliciosa, burlona, y por demás vergonzosa de un fanfarrón, deshonroso y cazurro rector que dice llamarse servidor público.
Quién no tiene más arma para atornillarse en el poder del control propio de su pequeña Nínive que la despreciable, baja y pusilánime amenaza de evaluar de forma corrupta, equivocada y pobre de argumentas como: “pérdida” la evaluación docente.
Así entonces fuera de todo control propio de las electrizantes emociones en yuxtaposición de un docente común del 1278, cuál caperucita roja por el bosque, acude sin más ante las “ías” y bajo el brazo la llamada ley 1010, sin saber, que dichas, representarían al lobo feroz de un cuento sin leñador, que termina tristemente con la satisfacción de los más poderosos.
Invisibilizados, y sin más remedio que acudir a mirar al suelo, en un acto de domesticación mal se juzga al pensar acercarse a este individuo a la sobra de un docente “Freireano”, y eso sin comentar, dado la extensión de este texto, las jornadas laborales que ahora son de ocho horas presenciales en los planteles y los bajos salarios de la actividad académica del mismo.
No es por más, ni entonces exagerado, que el autor se visualice en horizonte de futuro como un clavo más de la herradura de este trotón ilustrado hojas atrás.
Pensar en la formación de los seres humanos, es una reflexión que trasciende desde diferentes contextos, comienza en la mente de cada individuo pensante y se transpone alrededor de las diferentes culturas por las cuáles se está permeado.
Reflexionar sobre la formación, no sólo involucra el qué, sino también el cómo, el cuándo, el quién, el porqué y el para qué.
El asunto del “qué” en sí mismo, ya es un tanto complejo de tratar, es decir: ¿qué es formar?, y aún más que esta pregunta nos encumbra al siguiente nivel de entendimiento un poco más sujeto y es: ¿qué entendemos por formación?
Desde las diferentes visiones, semánticas, epistemológicas y pragmáticas, podemos empezar a definir un poco esta idea; sin embargo, es utópico, que universalmente se maneje un concepto igual a tal punto que globalmente se entienda todo lo que vibra alrededor de la formación del ser humano.
La formación no es un concepto global, ni tiene un significado universal; desde su misma naturaleza es tan personal, como la misma raza humana, como el mismo pensamiento, como la misma generación de las ideas, no podemos definir la formación en una esfera universal que abarque todos los puntos de vista de lo que más allá de la semántica significa la palabra.
Sin embargo se puede estar de acuerdo en que la formación no es una meta, ni objetivo, sino más bien un proceso, puesto que la naturaleza humana, el cómo fuimos constituidos no en un todo consigo mismos, sino en un todo con el universo y el planeta, seres planetarios que pensamos y transformamos, con una característica especial conocida como la “dinamia”.
Somos seres humanos dinámicos, en ningún momento y en ningún contexto estáticos, desde nuestros antiguos condescendientes que nos propiciaron esta evolución a homo sapiens y todos sus derivados; hemos visto esta característica, tan universal, quizás la única en que todas las razas y pensamientos coinciden: somos cambiantes, cambiamos siempre y en todo momento, tan dinámicos que nuestra piel, nuestra carne y huesos cambian a cada segundo, a cada instante del tiempo, quizás una condición tan natural como nuestro propio pensamiento.
Y sí somos dinámicos y cambiantes no se puede pensar en la formación como una meta o un objetivo, porque nunca terminamos de cambiar, nacemos, crecemos, nos desarrollamos y morimos, y en cada una de estas macro etapas cambiamos, nos dinamizamos y evolucionamos, así entonces pensar en un ser construido y totalmente formado en cualquiera de esas etapas, es un sofisma de distracción que fácilmente develamos dándonos cuenta que cada etapa de nuestra vida nos puede transformar radicalmente, que cada que respiramos, pensamos; y cambiamos.
Aún más, quizás si se realiza la pregunta: ¿en qué momento se considera a un ser humano, formado?, se cae en la cuenta que dicha pregunta no tiene respuesta, porque es irreverente con la naturaleza humana; no existe un momento en el ciclo normal de la vida en la cual se pueda decir con franqueza y seguridad: “este ser humano está formado”.
Incluso, estando en el mismo fin de la existencia y dadas las circunstancias particulares del contexto el último pensamiento de un ser humano, antes de exhalar su último aliento, puede ser tan trascendental y revelador que puede cambiar todos los arquetipos, costumbres, principios, conceptos y escancias mismas de la educación o formación de ese individuo.
Entonces dada la verdad absoluta de la dinamia de los seres humanos, y respaldada por el gran Maestro Freire, cuando pone al ser humano como un ser inacabado, y dice: “[…] es por esto que los reconoce como seres inacabados, inconclusos en y con una realidad que siendo histórica es también tan inacabada como ellos.” (1970, pág. 95) ¿Qué es la formación?, ¿cómo se puede definir?, ¿cómo se puede entender? y ¿cómo más allá de lo que significa se puede transformar y aplicar?; volviendo a lo anterior, se está en acuerdo que la formación es un proceso, que comienza con la existencia de un ser humano y termina con la inexistencia del mismo.
Ahora bien, siguiendo la identificación de lo que podría ser la formación, y teniendo en cuenta que ya se sabe cuándo inicia y termina; entonces se debe cuestionar: ¿Para qué formamos?
Esta pregunta, a todas luces, es una pregunta existencialista, porque se remite a los objetivos propios de la vida humana, y es que se debe pensar la formación en el sentido mismo de la vida, es decir, ¿qué sentido tiene la formación en la vida del ser humano?, y esta pregunta es tan personal, como los granos en la piel, ya que cada uno de nosotros tiene diferentes sentidos de vida, o en otras palabras diferentes conceptos y entendimientos acerca de la vida.
Para algunos la vida sólo es un devenir, un pasar y pasar a través del tiempo, a través de la monotonía eterna de las horas, minutos y segundos, para otros es una competencia en la cual se acumulan diferentes cosas, algunos acumulan dinero, otros acumulan logros, otros acumulan momentos compartidos, y existen muchos otros que acumulan cosas no determinadas.
Para cada individuo la formación es un sentir diferente, podremos decir que la formación esta tan relacionada con nuestra vida como el propio cuerpo, así entonces entender el papel de la formación en la vida de cada persona es a todas visiones un conjunto infinito de dimensiones, tan inagotables como la misma raza humana y sus aproximadamente 7038 millones de integrantes.
Sin embargo y aunque para cada quién la formación es una dimensión única y personal, se puede acordar en que el sentido de la formación en la vida es proporcionar una configuración, un diseño, una estructura a una existencia personal; en otras palabras darle forma a una vida, el asunto está en pensar y preguntarnos: ¿qué forma?
Y allí es donde cada ser humano debe determinar quién es y para qué es en el mundo. Esa forma, esos parámetros o características que deseamos formar en las vidas de los seres humanos, son aquellas que permitirán hacer las subsistencias más amables con el entorno, el ambiente en relación con los demás pares.
Es así como para formar, primero se deben definir esos parámetros por los que debe ir dirigida la formación, y esos parámetros son el entendimiento y caracterización del entorno o ambiente en el cuál existe el individuo objeto de estudio en relación con sus semejantes y cómo en colectivo se interpreta y transforma, esto no es más que la caracterización del entorno.
Así que no puede existir una verdadera formación efectiva sin la caracterización del entorno en el que se desarrolla el ser humano objeto de la formación, pero más aún, de la misma interpretación que ese ser humano realiza de las características, patrones, sensaciones y visiones del contexto en estudio y ambiente natural de supervivencia del objeto de formación.
Por tanto es inverosímil pensar en una formación exitosa en las instituciones educativas sin un estudio previo del contexto social del estudiante en contraste con la interpretación y transformación que ese estudiante hace de dicho contexto; partiendo de allí se puede decir que cualquier otro intento es inocuo.
Sobre la base de las consideraciones anteriores, podemos concluir que todo desarrollo de formación comienza en cada individuo como un proceso de exploración, caracterización y evaluación de sí mismo en relación al contexto a su alrededor; y este proceso podemos verlo iniciado desde el mismo comienzo de la existencia del ser humano; basta sólo por medio de la observación directa en los primeros años de vida, ver como la concentración del niño gira entorno al descubrimiento de su ambiente natural. Sin embargo este proceso de exploración de sí mismo en relación con su contexto, es un proceso que tristemente la escuela lo acompaña sólo en los primeros niveles de la escuela primaria, y lo realiza únicamente a nivel corporal.
Ya en el entendido de un ser humano en respuesta al “¿para qué?”, más o menos en el desarrollo de su adolescencia y después de haber iniciado una exploración de mundo, las vidas de los estudiantes pasan por la fase existencialista en dónde un proyecto de vida que dé sentido a su presencia determinará una plataforma óptima para comenzar un desarrollo humano y social del aprendiz.
Un estudiante que no encuentre el sentido de sus acciones escolares y académicas, va a ser vacuo en su actuar, sentir y hablar, y cuando el peso de la tarea, del taller de clase, del estudio reposa sobre sus hombros como actividades vacías y sin sentido, este pierde cualquier contacto con la emoción del saber y la ventura del aprendizaje. En consecuencia, su desempeño se ve diezmado, sus notas bajan y sus actividades pasan a ser más para el ocio y la diversión a tal punto de tal pérdida del raciocinio e intelecto que podemos ver hoy estudiantes en la Media o Media Técnica que hasta el sentido de la curiosidad lo han perdido y escuchamos las voces sin aliento de docentes que aseveran que a sus estudiantes nada los sorprende.
Esta incoherencia escolar no es más que el producto de una carencia de sentido de sí mismo con respecto al entorno que lo rodeo; en otras palabras, cuando el estudiante no tiene claro para que vive, para que existe, que quiere como ser humano, a dónde quiere llegar y más aún, cuando no entiende el concepto de felicidad, confundiéndolo muchas veces con la riqueza y la acumulación de bienes materiales, pierde cualquier conexión con el docente enfrente de un tablero
Por tanto, el dar sentido a la vida del ser humano, en el contexto actual, es el punto de partida, desde dónde el autor de este ensayo, comienza la reflexión de su práctica docente. Sin embargo, y en consecuencia de estas dos exploraciones, es decir, de la exploración del contexto, y la exploración de sí mismo en relación con el contexto, el autor considera más importante esta última: la exploración de sí mismo en relación con el contexto.
Y es que, es bastante importante reconocerse a sí mismo para poder relacionarse con algo, así esa entidad con la que se quiera relacionar aún no este lo suficientemente bien determinada, es decir, es de vital importancia el conocimiento de sí para poder relacionarse como se quisiese con un contexto: reconocerlo, recrearlo, interpretarlo y transformarlo a través del propio entendido de sí, que sabemos aún no se determina en su totalidad; pero que sin embargo las conexiones que van a permitir a ese individuo relacionarse con su contexto parte desde su propio interior, en una reflexión extensa sobre el entendido de: ¿Quién es?.
¿Cómo empezar esta exploración inicial del ser humano? En la Media Técnica, espacio de labor del autor, no partimos de un estado vacante, se sabe y se es consciente de que el estudiante adolescente ha pasado por varias fases de reconocimiento físico en cuanto a forma corpórea, sin embargo se notó por observación directa que en su gran mayoría, dichos estudiantes no encontraban valor a su ser, en unas dimensiones más que en otras, pero en general, una arraigada y disminuyente baja autovaloración o autoestima.
Así entonces un aporte del autor, fue simplificar el asunto del conocimiento de sí mismo a unidades conceptuales más pequeñas y de más fácil entendimiento: las características; y estas características entendidas en tres dimensiones: físicas, espirituales y sociales.
Sin embargo, todos los seres humanos tienen dichas características transversalizadas en lo que es; así que determinar el tipo de especie, es por demás un ejercicio soso, al saberse en los estudiantes de la Media Técnica que de ante mano, se reconocen así mismo como homo-sapiens. Así, más bien el ejercicio consiste en encontrar las características físicas, espirituales y sociales que lo hacen único o particular, que lo distinguen de los demás como individuo auténtico; es decir, en palabras más concretas: una búsqueda de identidad.
A partir de este momento se comenzará a describir la práctica realizada por el docente para responder a esa búsqueda de identidad, primer paso para el desarrollo humano y social del estudiante y respuesta concreta y final a la pregunta generadora del presente documento.
Entendida la búsqueda de identidad como la fase principal
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